NOAA eleva la probabilidad de El Niño: un evento que podría alcanzar intensidad fuerte a muy fuerte durante 2026-2027

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Mg. Ing. Pedro González

14/05/2026 15:01

La actualización publicada este 14 de mayo por el Centro de Predicción Climática de la NOAA confirma un cambio importante en el estado del ENOS: aunque las condiciones actuales aún son técnicamente neutrales, la probabilidad de que El Niño se desarrolle en los próximos meses aumentó de forma significativa. Según NOAA, existe un 82% de probabilidad de que El Niño emerja entre mayo y julio de 2026, y un 96% de probabilidad de que continúe durante el verano del hemisferio sur, entre diciembre de 2026 y febrero de 2027. La señal oceánica y atmosférica todavía está en proceso de acoplamiento, pero el contenido de calor subsuperficial del Pacífico ecuatorial viene aumentando de manera sostenida, un factor clave para la posible intensificación del evento.

Altas probabilidades de un niño muy fuerte para fin de año.

Altas probabilidades de un niño muy fuerte para fin de año.

El Pacífico ecuatorial ya muestra una transición hacia El Niño

De acuerdo con el diagnóstico oficial de NOAA, durante el último mes persistieron condiciones ENOS-neutrales, con anomalías cercanas al promedio en el Pacífico ecuatorial centro-oriental. El índice semanal Niño 3.4 se ubicó en +0,4 °C, todavía por debajo del umbral operacional de El Niño, mientras que Niño 1+2 alcanzó +1,0 °C, mostrando mayor calentamiento hacia el Pacífico oriental. Más importante aún, el contenido de calor subsuperficial aumentó por sexto mes consecutivo, con una amplia zona de aguas significativamente más cálidas que lo normal bajo la superficie del Pacífico ecuatorial.

La atmósfera también comienza a responder: NOAA reportó anomalías de viento del oeste en niveles bajos sobre el Pacífico ecuatorial occidental, además de señales en niveles altos sobre el Pacífico central y centro-oriental. Este tipo de configuración puede favorecer la propagación de ondas Kelvin oceánicas y el ascenso de aguas cálidas hacia la superficie, reforzando el calentamiento del Pacífico central. Sin embargo, NOAA todavía no declara oficialmente un evento de El Niño porque el sistema océano-atmósfera aún no presenta un acoplamiento completamente consolidado.


Actualización del modelo europeo para Mayo

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Probabilidades de intensidad: fuerte a muy fuerte, pero con incertidumbre

La nueva tabla oficial de probabilidades de intensidad de NOAA muestra que el escenario de El Niño gana fuerza hacia la primavera y el verano del hemisferio sur. Para el trimestre octubre-noviembre-diciembre, NOAA asigna un 32% de probabilidad a un El Niño fuerte y un 33% a uno muy fuerte. Para noviembre-diciembre-enero, la probabilidad de El Niño fuerte es de 30% y la de muy fuerte sube a 37%. En diciembre-enero-febrero, las probabilidades son de 29% para fuerte y 31% para muy fuerte. En conjunto, esto deja una señal importante de un evento de alta intensidad, aunque NOAA aclara que ninguna categoría individual supera el 37%, por lo que la incertidumbre sobre el pico final sigue siendo considerable.

Es importante remarcar que NOAA utiliza actualmente el RONI —Relative Oceanic Niño Index—, un índice relativo que evalúa las anomalías de temperatura en la región Niño 3.4 considerando el calentamiento del conjunto de los océanos tropicales. Esto es relevante porque, en un planeta más cálido, una anomalía tradicional elevada en Niño 3.4 no necesariamente representa el mismo contraste térmico que en décadas anteriores. Por eso, comparar directamente un evento actual con los de 1982-83, 1997-98 o 2015-16 requiere cautela técnica.


El Niño 1997 vs 2026

El Niño 1997 vs 2026

No es técnico hablar de “El Niño Godzilla”

En varios medios internacionales y regionales se volvió a utilizar el término “El Niño Godzilla” o “super El Niño”. Aunque estas expresiones pueden servir para llamar la atención, no forman parte de la terminología operacional oficial. La Organización Meteorológica Mundial aclara que no utiliza el término “super El Niño” como clasificación estandarizada. En meteorología y climatología operacional, lo correcto es hablar de eventos débiles, moderados, fuertes o muy fuertes, según los umbrales definidos por los centros climáticos.

Esto no significa minimizar el escenario. Las probabilidades actuales sí muestran un riesgo real de un evento fuerte a muy fuerte. Pero un El Niño intenso no garantiza impactos extremos en todos los países ni en todas las regiones. NOAA también advierte que la intensidad oceánica del evento no se traduce automáticamente en impactos proporcionales: un evento más fuerte puede aumentar la probabilidad de ciertos patrones, pero no determina por sí solo la magnitud de lluvias, sequías, tormentas o temperaturas extremas en cada zona.

El modelo europeo y la señal de un calentamiento muy marcado

La discusión técnica de ECMWF/Copernicus ya venía señalando desde abril una fuerte señal de calentamiento en la región Niño 3.4. En sus proyecciones estacionales, algunos miembros del ensamble del modelo europeo mostraban anomalías para septiembre en un rango aproximado de +1,7 °C a +3,3 °C, lo que representa una dispersión amplia pero con una clara inclinación hacia condiciones de El Niño. ECMWF advierte, además, que las predicciones realizadas durante la primavera boreal todavía atraviesan la llamada “barrera de predictibilidad de primavera”, un período en el que los modelos suelen tener mayor incertidumbre para anticipar con precisión la evolución del ENOS.

MetSul, al analizar la actualización más reciente del modelo europeo, menciona escenarios con anomalías Niño 3.4 cercanas a +3,2 °C hacia finales de 2026 bajo el criterio tradicional ONI, con varios miembros del modelo proyectando valores entre +2 °C y +4 °C. Esa lectura sugiere un evento potencialmente muy intenso, comparable en magnitud oceánica a los grandes episodios históricos, pero debe interpretarse como una proyección probabilística y no como un pronóstico determinista.

Comparación con 1982-83, 1997-98 y 2015-16

Los eventos de 1982-83, 1997-98 y 2015-16 son referencias obligadas cuando se habla de El Niño fuerte o muy fuerte. NOAA y la literatura climática los ubican entre los episodios más intensos de la era moderna de observación instrumental. Sin embargo, el escenario actual no ocurre bajo las mismas condiciones de fondo: el océano global está más cálido, la atmósfera puede retener más vapor de agua y los patrones regionales pueden responder de forma distinta a los eventos del pasado.

Esto abre una pregunta técnica importante: un océano global más cálido podría modificar el contraste relativo entre el Pacífico ecuatorial y el resto de los trópicos. En algunos casos, ese calentamiento de fondo podría amortiguar parte de la señal relativa del ENOS; en otros, podría intensificar los impactos al aumentar la disponibilidad de humedad, energía y transporte de calor en la atmósfera. La OMM advierte que no hay evidencia concluyente de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de El Niño, pero sí puede amplificar sus impactos asociados, especialmente olas de calor y eventos de lluvia intensa.

El antecedente extremo de 1877-78

También se ha vuelto a mencionar el evento de 1877-78, considerado por varios estudios como uno de los episodios de El Niño más extremos de los últimos 150 años. Ese evento estuvo asociado a una gran sequía global, con hambrunas en Asia, África y Sudamérica. Algunas estimaciones señalan que las consecuencias indirectas pudieron causar la muerte de entre el 3% y el 4% de la población mundial de la época. No obstante, es fundamental aclarar que se trata de un período anterior a la red moderna de observaciones oceánicas y atmosféricas, por lo que las comparaciones con eventos actuales dependen de reconstrucciones climáticas, registros históricos y reanálisis.

Por eso, aunque el evento de 1877-78 sirve como referencia histórica de alto impacto, no debe utilizarse de forma directa para anticipar las consecuencias de 2026-27. Las condiciones socioeconómicas, los sistemas de alerta temprana, la capacidad de respuesta, la infraestructura agrícola y la observación meteorológica actual son completamente distintas. El riesgo climático existe, pero la vulnerabilidad humana y la capacidad de adaptación no son las mismas que en el siglo XIX.

Posibles consecuencias para Paraguay

Para Paraguay, un evento de El Niño suele aumentar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal en parte del centro-sur de Sudamérica, especialmente durante la primavera y el verano. La OMM señala que El Niño típicamente se asocia con mayor precipitación en sectores del sur de Sudamérica, aunque cada evento tiene una evolución particular y sus impactos dependen de otros forzantes regionales, como la posición de los sistemas frontales, la circulación subtropical, la disponibilidad de humedad amazónica y la actividad de sistemas convectivos de mesoescala.

En Paraguay, el principal riesgo durante un evento fuerte sería un aumento en la frecuencia de episodios de lluvia abundante, tormentas organizadas y períodos de alta humedad, especialmente entre la primavera y el verano. Esto podría favorecer crecidas repentinas en arroyos y ríos menores, anegamientos urbanos, afectación de caminos rurales y complicaciones para el calendario agrícola. En la región Oriental, incluyendo Itapúa y el área de Encarnación, habría que monitorear con atención la recurrencia de sistemas de tormentas provenientes del norte argentino, sur de Brasil y el eje del río Paraná.

Aun así, no todo El Niño produce los mismos efectos. Puede haber semanas secas dentro de una temporada lluviosa, alternancia de pulsos cálidos y frentes fríos, y eventos de tormenta muy concentrados en pocos días. Por eso, el seguimiento debe hacerse con actualizaciones mensuales del ENOS, pronósticos estacionales regionales y, sobre todo, pronósticos de corto y mediano plazo cuando los sistemas meteorológicos concretos comiencen a organizarse.

Conclusión

La actualización de NOAA marca un punto de inflexión: El Niño aún no está oficialmente establecido, pero su desarrollo es cada vez más probable y las chances de alcanzar intensidad fuerte a muy fuerte durante finales de 2026 son significativas. El escenario merece seguimiento técnico, sin alarmismo y sin recurrir a términos mediáticos como “Godzilla”. Para Paraguay, el mensaje central es de vigilancia: si el evento se consolida y logra un fuerte acoplamiento océano-atmósfera, podría aumentar la probabilidad de lluvias superiores a lo normal y episodios de tormentas intensas durante la primavera y el verano. Sin embargo, la magnitud real de los impactos dependerá de cómo evolucione el Pacífico en los próximos meses y de la interacción con los sistemas atmosféricos regionales.

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