El Niño 2026: antecedentes, riesgos y cómo prepararnos desde ahora

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Mg. Ing. Pedro González

18/05/2026 18:44

Nacionales

El fenómeno de El Niño vuelve a estar bajo seguimiento para este 2026, con una probabilidad alta de instalación durante los próximos trimestres y con escenarios que podrían alcanzar intensidad fuerte a muy fuerte hacia finales de año. Según NOAA, para el trimestre noviembre-diciembre-enero existe una probabilidad importante de que El Niño alcance categoría fuerte o muy fuerte, aunque la intensidad oceánica no siempre se traduce de forma directa en impactos extremos iguales para cada país o región. Por eso, el enfoque correcto no es alarmar, sino prepararnos con tiempo, especialmente en Paraguay, donde los eventos fuertes del pasado dejaron antecedentes muy importantes de inundaciones, lluvias persistentes y pérdidas agropecuarias.

Inundaciones en varias ciudades de Paraguay en 1983, año del Niño Fuerte.

Inundaciones en varias ciudades de Paraguay en 1983, año del Niño Fuerte.

Los antecedentes de 1982-83 y 1997-98 en Paraguay

Los eventos de El Niño 1982-83 y 1997-98 son recordados como dos de los episodios más significativos para Paraguay. En 1983, varias ciudades ribereñas fueron gravemente afectadas por inundaciones: Pilar, Alberdi, Humaitá, Villa Oliva, Bahía Negra, Fuerte Olimpo, además de impactos importantes en Asunción y Encarnación. En Pilar se recuerda una de las peores inundaciones de su historia, con gran parte de la ciudad bajo agua. Estos eventos no solo estuvieron relacionados con la crecida de los ríos, sino también con períodos prolongados de lluvias, caminos intransitables, aislamiento de comunidades y afectación directa a la producción.

En el evento 1997-98, aunque el nivel del río Paraguay en Asunción no superó al de 1983, los daños fueron muy importantes. El informe citado por el BID señala que las pérdidas agropecuarias se estimaron en alrededor de 200 millones de dólares, de los cuales 121 millones correspondieron al sector agrícola. Las lluvias torrenciales, vientos fuertes y granizadas afectaron grandes extensiones de cultivos en la Región Oriental. Además, se reportaron daños en caminos, puentes, viviendas, servicios básicos y atención a damnificados por más de 48 millones de dólares.


Inundación en Encarnación, 1997.

Inundación en Encarnación, 1997.

Impacto en los cultivos: cuando la lluvia deja de ser beneficiosa

En Paraguay, El Niño no siempre significa pérdida agrícola generalizada. En algunos años, las lluvias por encima de lo normal pueden favorecer ciertos cultivos si llegan en momentos adecuados. Sin embargo, en eventos fuertes, el exceso de precipitación puede volverse perjudicial: retrasa la siembra o la cosecha, reduce la población de plantas, aumenta enfermedades, dificulta el ingreso de maquinarias y puede dejar lotes enteros sin cosechar. Un análisis publicado en ABC Rural menciona que durante eventos fuertes como 1982-83 y 1997-98, los rendimientos de soja tuvieron apenas una ganancia climática modesta, de 2,4% y 0,5%, respectivamente, probablemente porque el exceso de lluvias limitó el potencial productivo. También se menciona que en sitios puntuales las lluvias pueden superar entre 300% y 500% los valores normales para la época.

A esto se suman los testimonios de productores y pobladores que recuerdan aquellos años con mucha claridad: relatos de “diluvios”, lluvias durante semanas, caminos desaparecidos, cultivos perdidos y maquinarias trancadas en la chacra. Algunos lectores de Meteorología Encarnación recuerdan que en abril de 1983 parte de la soja que estaba en cosecha se perdió, con tractores y cosechadoras atrapadas por el barro. Estos testimonios no reemplazan a los datos oficiales, pero ayudan a entender el impacto real en el territorio: cuando el suelo queda saturado, el problema ya no es solo la cantidad de lluvia, sino la imposibilidad de trabajar, cosechar, transportar y sostener la actividad diaria.


Prepararse no es alarmarse: es reducir daños

La prioridad debe ser la prevención temprana. Un evento El Niño fuerte no significa que todos los lugares tendrán inundaciones severas, pero sí aumenta el riesgo de períodos con lluvias frecuentes, tormentas intensas, crecidas de ríos y problemas de drenaje. Por eso, la preparación debe comenzar antes de que lleguen los meses más críticos.

Medidas útiles para las familias y comunidades:

  • Limpiar canaletas, desagües y cunetas antes del período de lluvias más frecuentes. Muchas inundaciones urbanas se agravan por basura, hojas y sedimentos que bloquean el escurrimiento.
  • Revisar techos, goteras, chapas sueltas y estructuras débiles, especialmente antes de tormentas con ráfagas de viento. La prevención más simple suele evitar daños importantes.
  • No arrojar residuos a arroyos, canales o alcantarillas, porque eso reduce la capacidad de drenaje y aumenta el riesgo de raudales.
  • Identificar zonas bajas o históricamente inundables del barrio, compañía o distrito. Si una zona ya se inundó en eventos anteriores, debe considerarse vulnerable.
  • Preparar una mochila de emergencia con documentos importantes, linterna, radio o celular con batería, medicamentos, agua potable, elementos básicos de higiene y ropa seca.
  • Tener definidos contactos y rutas de evacuación, especialmente en zonas ribereñas o barrios próximos a arroyos.
  • Seguir información oficial y pronósticos actualizados, evitando difundir rumores o mapas sin contexto. Los avisos meteorológicos deben interpretarse junto con la situación local.

Medidas para productores y el sector agropecuario:

  • Revisar drenajes en parcelas, caminos internos y accesos a los lotes, especialmente en zonas bajas o con antecedentes de anegamiento.
  • Planificar la cosecha y el movimiento de maquinarias con ventanas de buen tiempo, evitando dejar equipos en áreas que puedan quedar aisladas.
  • Proteger semillas, fertilizantes, combustibles e insumos en lugares elevados y secos.
  • Monitorear enfermedades y plagas, ya que la humedad persistente puede favorecer problemas sanitarios en cultivos.
  • Evitar compactación del suelo trabajando en condiciones demasiado húmedas, porque el daño estructural puede afectar varias campañas.
  • Registrar daños con fotos, fechas y ubicación, ya que esa información puede ser útil para reportes, seguros, asistencia técnica o evaluaciones posteriores.
  • Mantener comunicación con cooperativas, técnicos, municipios y organismos de emergencia, para coordinar acciones ante caminos cortados, crecidas o pérdidas de producción.

El mensaje central es claro: El Niño no debe tomarnos desprevenidos. Paraguay ya vivió eventos fuertes en el pasado y conoce sus posibles impactos. La diferencia la puede marcar la preparación: limpiar, revisar, planificar, informarse y actuar con anticipación. La meteorología no evita el fenómeno, pero bien utilizada puede ayudar a reducir daños y proteger vidas, viviendas, caminos y producción.

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